Por Lic. Zulma Rueda
Nosotras Integramos una postura más contundente de la defensa de la verdadera equidad de género, la distinción entre la «verdadera mujer» que busca la armonía y la justicia real.
Las agendas políticas actuales que, bajo el disfraz y manipulación de la equidad, desmantelan la estructura de la familia y el respeto al hombre.
Me dirijo a ustedes hoy no para celebrar el progreso que ya habían logrado las mujeres anteriormente, sino para señalar un desequilibrio que hemos decidido ignorar. Durante décadas, el objetivo fue la equidad, entendida como un piso parejo para todos. Sin embargo, en el camino, parece que hemos confundido la justicia con la revancha y la inclusión con el desplazamiento.
El desequilibrio en el poder y la ley es una realidad donde la balanza no está nivelada, sino totalmente inclinada. Observamos con preocupación cómo en la vida política se imponen cuotas que ya no buscan la paridad, sino la supremacía numérica. En cada elección popular, vemos cómo el mérito y la representatividad pasan a segundo plano frente a una obligación de género que deja al hombre fuera de la contienda, limitando su derecho a servir a su país simplemente por su sexo.
Legalmente, estamos entrando en un terreno peligroso. Se han creado marcos jurídicos donde los derechos ya no son universales, sino segmentados. Hoy, el hombre se encuentra en un estado de indefensión relativa, donde su presunción de inocencia y sus derechos civiles parecen valer menos ante la ley en comparación con los de su contraparte.
Al sector empresarial le digo que la verdadera productividad nace del talento, no de la estadística forzada. Al privilegiar un género sobre otro, por temor a la crítica social o por cumplir con una agenda o requisitos y están sacrificando la excelencia.
En la sociedad civil no podemos construir una comunidad sana, si una mitad de la población siente que ha sido relegada a la categoría de ciudadano de segunda. La equidad no es poner a la mujer por encima del hombre; eso es simplemente repetir los errores del pasado con diferentes protagonistas.
Nosotras no pedimos privilegios, pedimos coherencia. Si permitimos que el hombre quede a un lado, si aceptamos que la ley otorgue más derechos a unos que a otros, y si normalizamos la exclusión masculina en los espacios de decisión, no estamos avanzando hacia el futuro, estamos retrocediendo hacia una nueva forma de injusticia.
Políticos, empresarios, ciudadanos: es hora de recuperar la cordura. La igualdad real no excluye, integra. No es una competencia por ver quién tiene más poder, sino un esfuerzo conjunto por ver quién tiene más capacidad. Hagamos que la ley vuelva a ser ciega al género y sensible al mérito.
A los líderes que hoy ostentan el poder y ciudadanos que observan en silencio les hablo hoy con la urgencia que dicta una realidad distorsionada. Lo que comenzó como una búsqueda de justicia se ha transformado en una maquinaria de exclusión. Estamos presenciando un sistema donde la balanza no solo está inclinada, sino que ha sido confiscada para servir a intereses que nada tienen que ver con el bienestar social.
Miremos de frente a nuestra clase política. Hoy vemos una política desvirtuada, secuestrada por círculos de poder que no buscan la igualdad, sino sus propios beneficios. Utilizan la bandera de la equidad como un ariete para derribar puertas y colocar candidatos no por su capacidad, sino por su utilidad para una agenda particular.
En cada elección, vemos cómo se imponen más mujeres que hombres, ignorando el mérito y la voluntad popular. No se engañen, no lo hacen por las mujeres, lo hacen por sus objetivos particulares. Pasan por encima de la sociedad, de la lógica y de la misma democracia con tal de cumplir con cuotas que solo sirven para que el mismo círculo político de siempre siga repartiéndose el botín del Estado.
El llamado de la MUJER…»de la Verdadera Mujer». Aquí alzamos la voz las verdaderas mujeres. Aquellas que no necesitamos privilegios legales para sentirnos valiosas. Las verdaderas mujeres somos las que defendemos «la original equidad de género», esa que entiende que el hombre y la mujer son piezas complementarias, no enemigos en una guerra de trincheras.
Es ofensivo para nosotras que se pretenda «empoderarnos» a costa de humillar y desplazar al hombre. La verdadera mujer no quiere un mundo donde su padre, su hermano, su esposo o su hijo sean ciudadanos de segunda. No aceptamos un sistema donde el hombre sea borrado de la ecuación social y familiar, dejándolo en la indefensión jurídica y el ostracismo laboral, donde no entienden que simplemente somos completos.
Hablemos claro, hoy el hombre está quedando fuera de la ecuación. Se le ataca por su naturaleza, se le limita legalmente y se le desplaza de su rol fundamental en la familia y en la sociedad. Al debilitar al hombre, están debilitando la estructura misma de nuestra civilización.
«Un sistema que para elevar a un género necesita pisotear al otro, no es una democracia; es una tiranía disfrazada de progreso.»
Nosotras exigimos se deje de ceder ante el chantaje de lo «políticamente correcto». Una empresa que ignora el talento masculino para llenar una estadística está condenada a la mediocridad.
Al político le advertimos que la sociedad civil está despertando. No permitiremos que sigan utilizando nuestros triunfos feministas originales ni nuestras leyes para crear divisiones artificiales. La verdadera equidad protege al hombre y a la mujer por igual, porque ambos son el pilar de la familia, la única institución que cierto circulo de poder, en su ambición de poder, quieren destruir.
Basta ya de legislar desde el resentimiento. Basta ya de usar el género como una herramienta de manipulación política. Las verdaderas mujeres estamos aquí para decir que sin el hombre, la sociedad y la familia está incompleta. Exigimos el retorno al mérito, a la justicia universal y al respeto mutuo. No queremos una ventaja; exigimos que nos devuelvan simplemente la verdad y seguir disfrutando nuestros logros del feminismo original en complemento con los hombres y sociedad.
Y un ejemplo claro en Chihuahua con la JUCOPO Junta de Coordinación Política, con el tema de la elección de titular de la CEDH y desde una visión de verdadera equidad de género, aquí donde mujeres y hombres no participan en igualdad de condiciones, resulta preocupante la manipulación política en la elección de un cargo que debería ser totalmente autónomo, como la CEDH Comisión Estatal de los Derechos Humanos. En el caso de Chihuahua, el proceso para elegir a su nuevo titular se presenta como democrático, cuando desde hace semanas es de conocimiento público quién será la designada por decisión política, excluyendo por completo a los hombres sin un criterio real de mérito, escudándose en las calificaciones que realmente nadie lo cree. Esta exclusión no responde a la equidad, sino a un capricho que busca imponer a una persona afín y manipulable por intereses partidistas. La equidad no puede usarse como pretexto para anular derechos ni para simular procesos que ya están decididos. Ante esto, surge una pregunta legítima: ¿dónde quedan los derechos humanos cuando quienes deberían defenderlos responderían a instrucciones políticas y no a la sociedad?
Atte.
Lic. Zulma Rueda
UVM Unión de Verdaderas Mujeres
…Por un Feninismo real y equitativo…
























