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    Historias de Chihuahua

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    ¡¡Me quitaron mi casita..!!

    Doña María enviudo hace algunos años, y vivía abandonada por sus hijos, pero un día, uno de ellos, regreso sólo para pedirle prestadas las escrituras de la casa, porque se le había presentado un negocio de inversiones muy seguro. Ella accedió y ¡¡ahí empezó la tragedia…!! Esta es la historia…

    • Ay Dios mío, ¿qué voy a hacer? (llanto desconsolado)… ¡¡apiádate de mí..!! –

    DOÑA MARY: 73 años, estatura baja, complexión robusta, cabello corto, entre cano y ondulado, lentes, ojos hinchados de llorar.

    En la banca de un parque se encontraba una mujer adulta mayor. Se notaba la desesperación que tenía. Se sentaba en la orilla y de repente se recargaba sobre el respaldo del asiento. Con una mano abrazaba su viejo bolso, y con la otra, con un pañuelo desechable ya casi convertido en pedacitos, limpiaba las lágrimas que rodaban por sus mejillas.

    • DOÑA MARY : ¿Por qué, porqué?, ¡No es justo…!

    Hablaba con ella misma y se golpeaba una pierna. No se daba cuenta de la mirada atenta que le dirigían quienes pasaban, que, por cierto, nadie se detuvo. Todos parecían enterarse de que algo le sucedía a la señora, pero preferían voltear al otro lado y no meterse en algún problema.

    • REPORTERA: Buenos días señora…¿Le puedo ayudar en algo?
    • No mijita, nadie me puede ayudar. ¡Ya no se puede hacer nada…! –
    • ¿Quiere que platiquemos un ratito para que se tranquilice?… déjeme le traigo una botellita botella de agua. Espéreme tantito… –
    • Gracias mija. ¡Es que estoy muy triste y desesperada…! –

    La mujer tomó varios sorbos de agua y después de sacudirse la nariz y secar las lágrimas que le seguían corriendo, empezó a platicar lo que le estaba atormentando.

    Meses atrás, Roberto, el hijo mayor y que casi nunca la visitaba fue a verla. Llego un día entre semana, era tarde, ya casi de noche, y a ella le extraño, al principio pensó era por alguna emergencia, pero luego, se dio cuenta que no era así. Le ofreció un café al que “muchos años fueron sus ojos”, aunque con los años, él la fue dejando casi en el olvido. Aun así, la mujer dibujo una sonrisa en el rostro, al recordarlo de pequeño… En esos momentos, sacudió bruscamente la cabeza y recordó que fue en esa visita, cuando empezó la trampa y ella cayo directo, y sin meter las manos.

    A “El Beto”, le ofrecieron un excelente negocio que le dejaría increíbles ganancias. Poco trabajo, mucho dinero, todo legal y nada de riesgo, solo era necesario hacer una inversión, que en poco tiempo le regresarían y con altos rendimientos. ¡Desde entonces ya se veía el riesgo…! pero él, no lo noto, sólo se ocurrió, ir en busca de mamá.

    • Pues me dijo mijo “Amaaaaa, présteme los papeles de la casa… yo le juro que pronto se los devuelvo y hasta un dinerito para que viva el resto de la vida sin problemas”. ¡La verdad tenía miedo! y le dije “ay hijo, déjame pensarlo”. Algo en mi me decía que no lo hiciera, pero ¿si no lo ayudaba yo? ¡entonces quién! Insistió varios días, hasta qué, se los di. –

    Esa misma casa en la que vivió durante tanto tiempo junto con su esposo, hasta que murió de un infarto, y sus otros dos hijos, por cierto, desaparecidos por las drogas desde hace varios años. Bueno pues, tuvo que ser desocupada porque, casi de inmediato, llegaron los nuevso inquilinos.

    Muchos de los muebles los regalo a las mismas vecinas, al igual que sus macetitas, y es que en la casa de su hijo no tenían suficiente espacio para tanta cosa. ¡La nuera le dijo que también regalara las macetitas!

    Pasaron los días y al hijo comenzó a irle bien económicamente. Se notaba por la ropa, paseos y salidas a comer con su familia, a ella, tal vez para no incomodarla, no la llevaban. ¡Se quedaba a cuidar la casa!

    ¿Y sobre la casa de Doña María?

    • Yo le preguntaba ¿ya mero hijo? Y me decía, “si amá, ya ando en eso. Estos días me dan un dinero y recuperamos su casita””. Pero las cosas empezaron a cambiar y ya no hubo paseos. Y luego que me va diciendo, “perdóneme amá, el negocio se cayó y me estafaron”. Y lloraba a grito abierto, y yo junto con él por qué. ¡Me quede sin mi casita!, ¡Me la quitaron…! –

    Siiii. El negocio fue “ese que están pensando”, del que no se dice nombre para “no entorpecer investigaciones” pero en el que miles de personas, fueron defraudadas… Por si fuera poco, un mes después, una pena más directo al corazón de Doña María.

    •  Pues llegó resfriado mijo y de ahí, como que no podía respirar y…. (llanto desconsolado) lo internamos…  y (llanto desconsolado)…en dos días se me fue… Dios lo mando llamar. –

    No había pasado la semana cuando, la nuera le pidió que buscara donde vivir, porque ya no había espacio para ella en esa casa. Además, no quería nada que le recordara a “El Beto”, aquel que le prometió una vida llena de lujos, pero, ilusionada la dejó. Antes de correrla a la calle, le quitó la tarjeta de la pensión que le daba “El Peje”, para darle de comer a los nietos.

    • Lo bueno fue que una sobrina mía me dijo “vengase tía, yo estoy solita y no me estorba” y con lo que traía puesto me fui. –

    AMBIENTE: Pipiiiiiii… pipiiiiiiiiip… “Tía, doy la vuelta y la recojo allá”.

    • Mire ya llegaron por mí. Gracias por escucharme. Mañana regreso a lo de la pensión, ¿haber si nos toca vernos otra vez?… me voy corriendo para allá, porque no se puede detener mi sobrina con tanto carro…hasta luego. –
    • Doña María, ¿me permite publicar su historia? –
    • Si mijita, si sirve de algo para abrirle los ojos a las demás viejitas como yo y que no confíen en nadie, escríbala y… ahí mañana si nos vemos le cuento más… hasta luego. –

    Hasta luego Doña María, que le vaya bien…

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